La reducción del estrés mediante mindfulness es el método más eficaz para manejar el estrés. Está un paso por delante del deporte y cualquier otra actividad al aire libre puesto que estas ayudan pero no perduran lo suficiente.

No hay estrés si no te preocupas por lo que puede suceder, no hay estrés si no sientes rencor o culpa por algún acontecimiento del pasado. En el momento presente sólo hay cabida para la felicidad y la paz.

Tras esta breve reflexión, vamos a descubrir qué es el mindfulness, sus beneficios y cómo empezar a practicarlo.

El mindfulness  es una práctica terapéutica en la que se promueve vivir plenamente en el momento presente y se emplea como método para manejar y aceptar los pensamientos o sentimientos. La idea consiste en prestar atención a tus pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales de un modo calmado y sin juzgarnos a nosotros mismos.

Está basado en las prácticas de la meditación tradicional budista e incorpora también una variedad de técnicas como la respiración controlada o la conciencia corporal.

Hay indicios sólidos de que la práctica de mindfulness mejora el bienestar emocional y físico de las personas. Es una técnica que se emplea para reducir el estrés, la depresión, la ansiedad y el dolor crónico mientras ayuda a mejorar la concentración.

Pero ahora, la pregunta del millón ¿Cómo practico mindfulness? Todos practicamos mindfulness de vez en cuando sin saber que lo hacemos, por ejemplo cuando nos concentramos en las sensaciones del momento presente y no nos dejamos llevar por pensamientos ansiosos.

Para practicar mindfulness basta con sentarnos en un lugar tranquilo entre 15-60 minutos al día y empezar a entrenar la mente, evitando divagar y concentrándonos en observar nuestra respiración, relajar el cuerpo y aceptar los pensamientos y sentimientos.

Si estás siempre ocupado, os propongo una serie de simples ejercicios para vaciar la mente y encontrar la calma tras un día caótico:

1. Respiración consciente 

Este ejercicio puede realizarse prácticamente en cualquier lugar, lo único que debes hacer es concentrarte en tu respiración durante un minuto.

Comienza inspirando y expirando lentamente, inspira por la nariz y expira el aire a través de la boca, permitiendo que el aire fluya suavemente dentro y fuera de tu cuerpo. Deja que tus pensamientos, las cosas que tienes que hacer más tarde o los proyectos pendientes se evadan, simplemente permanece quieto un minuto, observa tu respiración y siente cómo entra en tu cuerpo, te llena de vida y hace el recorrido de vuelta para salir por tu boca y disiparse en el mundo.

2. Invertir el orden de hacer las cosas al prepararnos por las mañanas

Permítete sentir incómodo al cambiar el orden en el que te duchas, desayunas, te vistes o te calzas.

3. Respira profundamente y mientras mantienes el aire en los pulmones, observa y nombra 5 cosas que veas, sientas, oigas.

Comienza con ejercicios sencillos como estos y poco a poco añade otros con más dificultad o dedica más tiempo a practicar la respiración consciente. Cuando algo se convierte en un hábito, dejamos de prestar atención. En cierto modo, esto es algo positivo puesto que nuestra mente se sentiría abrumada si tuviera que cortar un filete y mantener una conversación al mismo tiempo. Esta habilidad tan extraordinaria nos permite centrarnos en las cosas más importantes y relegar los hábitos al subconsciente.

Sin embargo, nos perdemos un montón de experiencias gratificantes cuando dejamos de prestar atención. Perdemos la belleza y la magia de cada instante porque estamos pensando en el momento siguiente y el siguiente y el siguiente…